La apoteosis del postureo

Decíamos ayer…  Si la canción de Instagram ya era una insuperable burla del postureo imperante, este video lo lleva a una dimensión más surrealista y desternillante. Como casi todo, el postureo en moderación no tiene nada de malo, todos jugamos a un cierto juego de poses, el problema es cuando se vive para el postureo, la popularidad, el like, retweet, repost…  Por desgracia sobran ejemplos de esto último.

Éste otro video, mucho más serio, habla de otro fenómeno con cierta relación que es la falta de originalidad. Todos ahora podemos compartir nuestro contenido, y probablemente ese contenido no tiene especial originalidad. El video alude a la frustración de crear contenido que otros miles (o millones) han creado con anterioridad. No es un fenómeno que me parezca particularmente frustrante, a fin de cuentas la experiencia de crear ese contenido si es única y subjetivamente valiosa, pero cuando mezclas la falta de originalidad con el abuso del postureo se alcanza un grado de falsedad preocupante. El peor ejemplo que me viene a la cabeza es del de los hipsters clónicos, tipos tan originales que carecen por completo de originalidad, definidos por unas poses, gestos y rituales más predefinidos y prefabricados que los imperantes en la sociedad que aparentemente denuncian.

De momento me quedaré con la sonrisa indisimulada (en ocasiones carcajada) que no puedo evitar cada vez que veo a alguien fotografiando su comida o sacándose una ráfaga de selfies. Si va acompañada de palo de selfie la cosa ya se torna preocupante.  Vemödalen 😉

Vía Microsiervos

P.D. No sé si este blog tiene un futuro (un post al año no parece una buena media), ciertamente tiene pasado, pero como blog personal que es intentaré postear alguna reflexión de vez en cuando. En breve, eso sí, empezaré otro proyecto con bastantes ganas y daré cuenta de ello por aquí.

Eso del social media…

Si me hubieran dado un euro por cada vez que he tenido que oír “eso de Internet…” como comienzo de frase, para acto seguido indicar lo terrible que era probablemente sería millonario. Y me hubieran dado un euro por cada vez que he tenido que oír variantes del tipo: “eso del social media…”, “esto de los blogs…”, “esto de facebook…”, “esto de twitter…” etc. Pues probablemente ya tendría una isla propia y no estaría escribiendo estas historias de abueletes.

Precisamente mi artículo de esta semana en el Huffington Post, y mi excusa para volver a publicar tras meses de ausencia, habla de cómo y por qué los medios sociales ya son parte inexcusable del panorama empresarial, igual que Internet dejó de ser fuente inagotable de escepticismo en las empresas tiempo atrás. Es un artículo que constata una realidad, algunos nos hemos pasado toda nuestra vida profesional pregonando que esto iba a suceder (no había que ser un genio, caray) y ahora sencillamente ha sucedido. Y algunos escépticos que me deben un euro se han reconvertido a defensores de la nueva realidad, y otros seguirá siendo escépticos mientras vivan, con o sin razón.