Todos los cisnes son negros

Nassim Taleb publicó en 2007 un ensayo que hablaba del impacto de los hechos improbables, y que sirvió de ominosa profecía para el colapso financiero de 2008. El cisne negro se refiere a un hecho improbable y sorprendente, con un enorme impacto, y cuya lógica conocemos a posteriori y entonces nos parece enormemente predecible. Creo que no hace falta ser genios para darnos cuenta de que la actual crisis/recesión/depresión cumple con todos estos requisitos.

El problema es que, retomando la teoría de Taleb, hemos entrado en una dinámica en la que parece que en lugar de encontrarnos cisnes negros aisladamente vamos encadenando un cisne negro detrás de otro, y lo que ayer parecía inverosímil al día siguiente resulta ser una realidad palpable, lógica hasta el punto que resulta absurdo plantear que las cosas podían haber sido diferentes. Nadie se planteaba hace un tiempo que España sería rescatada, igual que nadie se planteaba que el Euro pudiera despedazarse, igual que nadie se planteaba que fuera factible o incluso legal un corralito en Europa, igual que nadie se planteaba que… podría seguir durante varias líneas más.

Y sin embargo, aquí estamos. España tiene una cifra de parados que jamás íbamos a alcanzar ni en las peores previsiones. Los impuestos se van a subir más de lo que nadie habría podido anticipar en un corto espacio de tiempo. El sistema financiero español, el más sólido del mundo, está completamente quebrado. Los “socialistas” recortan derechos sociales salvajemente y los “liberales” suben impuestos hasta la náusea. La moneda fuerte europea, la que nos iba a dar el liderazgo mundial, ha resultado ser la cadena que nos impide movernos y nuestra particular penitencia. Y aquí también podría seguir unas cuantas líneas más.

En conclusión, que Taleb se quedó corto. Al final va a resultar que todos los cisnes son negros y que lo de los cisnes blancos era una ilusión, una mentira que todos nos creímos a pies juntillas, pero en realidad había gente en la trastienda tiñendolos de blanco para que nos lo creyésemos y siguiéramos pensando que la situación era de color de rosa. Ese engaño, esa gigantesca tomadura de pelo gestada por los apologetas del corto plazo (a largo plazo, todos calvos, ya se sabe), y apoyada sin reservas por las más brillantes mentes del establishment… ese es el primer cisne negro. Imprevisible, impactante y, si miramos atrás, tan perfectamente lógico y predecible que se nos queda cara de tontos por no habernos dado cuenta antes de que se estaba gestando el desastre.

Me gustaría acabar el artículo con una nota positiva, pero por más vueltas que le he dado la única parte positiva que le veo a todo esto es que a partir de ahora sabemos muchas más cosas sobre el sistema y quienes -supuestamente- lo gestionan.  Creo que hay una llamada implícita a que una parte de la sociedad (la parte preparada para hacerlo, no los que pretenden hacerlo a golpe de asamblea) asuma la necesidad de recrear el sistema purgándolo de mediocridad y de ineficiencias, y de hacerlo, además, sin ideologías ni politiqueos ni partidismos. Pero tengo mis dudas de que eso vaya a suceder.