Reset

Dicen que vivimos la época del gran Reset, el momento de repensarlo todo. Las corrientes subterráneas del cambio, latentes durante décadas, están aflorando y obligándonos, con inusitada rapidez, a repensar los cimientos de grandes pilares de nuestra sociedad.

Así que nos vemos en la obligación de reinventar la economía, demasiado anclada en la sociedad industrial, demasiado lastrada por vicios adquiridos durante décadas, demasiado obsesionada con el crecimiento, el consumismo o la especulación.

Tenemos que reinventar la política, refugio de mediocridad, desconectada de las realidades sociales y anclada en viejas ideologías que a casi nadie representan hoy día, pese a que siguen sirviendo de coartada constante para las tretas sentimentales de los políticos.

Tenemos que reinventar la sociedad, demasiado acostumbrada a una falsa sensación de riqueza creada por la economía y la política. También acostumbrada a dejar hacer, a no inmiscuirse, a no exigir, a obedecer dictados explícitos o implícitos, a ser pieza necesaria de los mecanismos de consumo.

Tenemos que reinventar el management y la empresa, repleto de lugares comunes y escaso en inventiva. Repleto de gestores desapasionados. Sometido invariablemente al Excel, al corto plazo, renunciando al futuro para enjugar el presente. Lleno de “bean counters” y “suits”, escaso en visionarios. En un mundo en el que Apple es la excepción hay motivos para reinventar muchas cosas.

Hay que reinventar mucho más: la educación, las relaciones sociales, las relaciones internacionales, la propiedad intelectual, nuestros propios estilos de vida… En muchos casos, a nosotros mismos.

Y en lo que toca a DiarioIP y a quien esto escribe, para no ser excepción, toca darle también al reset. Y eso es lo que hago. Ahora mismo. Con este post.

El porqué de las empresas

Este vídeo de TED es una brillante (y extraordinariamente simple) explicación del éxito o el fracaso de las empresas, las culturas empresariales o el ADN corporativo que tantos ríos de tinta hacen correr constantemente. Y que en muchas ocasiones hacen complicado lo sencillo. Por lo general es muy fácil explicar qué hace una empresa u organización, y es muy fácil explicar cómo lo hace, y suele ser bastante difícil explicar por qué lo hace. Y sin embargo es algo que tienen muy claro los grandes profesionales en grandes empresas (que no empresas grandes), muchos fundadores de empresas o lo que solemos denominar “el talento”, que en muchos casos es capacidad para alinearse con ese propósito fundamental y dedicar todas tus energías a llevarlo a cabo sin perder de vista el fin último.

El porqué no es un requisito (o un indicativo) sine qua non del éxito, y sin embargo un porqué poderoso puede marcar la diferencia entre la mediocridad y la brillantez, entre la capacidad de atraer y retener talento o de perderlo a espuertas si se pierde el norte. Las empresas sin alma, dirigidas por directivos sin alma, atraen sin remedio recursos mediocres, y pierden sin remedio el talento comprometido, entrando en una espiral sin rumbo en la que todos siguen las directrices de arriba sin saber muy bien la razón y en la que tarde o temprano se consuman desastres de difícil solución.

En esta época de crisis muchas empresas han supeditado sus porqués, lo que debía regir de manera ultimísima toda su gestión desde dentro hacia fuera, a la obtención de resultados inmediatos y al cortoplacismo miope. Y otras han reforzado sus planteamientos de origen y han apostado todo a ese número. Seguro que han caído empresas de ambos lados. Pero seguro que, dentro de dos, cinco, o diez años, las empresas que no solo sobrevivan sino sean líderes de sus industrias (o de aquellas nuevas en las que hayan querido aventurarse) estarán del lado de quienes sabían porqué. Y por eso es importante.