La apoteosis del postureo

Decíamos ayer…  Si la canción de Instagram ya era una insuperable burla del postureo imperante, este video lo lleva a una dimensión más surrealista y desternillante. Como casi todo, el postureo en moderación no tiene nada de malo, todos jugamos a un cierto juego de poses, el problema es cuando se vive para el postureo, la popularidad, el like, retweet, repost…  Por desgracia sobran ejemplos de esto último.

Éste otro video, mucho más serio, habla de otro fenómeno con cierta relación que es la falta de originalidad. Todos ahora podemos compartir nuestro contenido, y probablemente ese contenido no tiene especial originalidad. El video alude a la frustración de crear contenido que otros miles (o millones) han creado con anterioridad. No es un fenómeno que me parezca particularmente frustrante, a fin de cuentas la experiencia de crear ese contenido si es única y subjetivamente valiosa, pero cuando mezclas la falta de originalidad con el abuso del postureo se alcanza un grado de falsedad preocupante. El peor ejemplo que me viene a la cabeza es del de los hipsters clónicos, tipos tan originales que carecen por completo de originalidad, definidos por unas poses, gestos y rituales más predefinidos y prefabricados que los imperantes en la sociedad que aparentemente denuncian.

De momento me quedaré con la sonrisa indisimulada (en ocasiones carcajada) que no puedo evitar cada vez que veo a alguien fotografiando su comida o sacándose una ráfaga de selfies. Si va acompañada de palo de selfie la cosa ya se torna preocupante.  Vemödalen 😉

Vía Microsiervos

P.D. No sé si este blog tiene un futuro (un post al año no parece una buena media), ciertamente tiene pasado, pero como blog personal que es intentaré postear alguna reflexión de vez en cuando. En breve, eso sí, empezaré otro proyecto con bastantes ganas y daré cuenta de ello por aquí.

Smartwatch de Apple

Por qué compraré el Apple Watch… 5

El primer producto Apple que me conquistó fue el iPhone 2G, el original. Corría 2007 y todavía no se vendía en España cuando me hice con uno. He tenido casi todos los modelos, y creo que la competencia sigue muy lejos aunque vaya mejorando. En 2009 compré mi primer Mac, que sigue funcionando perfectamente. Desde entonces he comprado otros dos y probablemente en breve compre el cuarto. En 2010 hice cola en Miami para comprar el primer iPad en su lanzamiento (meses antes de su llegada a España). Apple TV (2), accesorios, etc. Creo que a estas alturas se me puede catalogar de fanboy.

Y sin embargo, no voy a comprar el Apple Watch 1 y no tengo especial prisa por probarlo. No es que no me parezca tecnológicamente mucho mejor que la competencia, ni que no le vea un tremendo potencial, es que simplemente, a día de hoy, me parece un producto que soluciona un problema que yo no tengo, y lo hace de una manera que haría mi vida más complicada, en lugar de hacerla más simple.

Los wearables en general me gustan y me parecen útiles… hasta un determinado punto. Pero como dispositivos de consumo de información no sirven, al menos a día de hoy. Ni servían las Google Glass ni sirve ninguno de los smartwatches aparecidos en el mercado hasta ahora. Recibir notificaciones en catorce sitios puede llegar a ser agobiante, como la propia Apple ha puesto de manifiesto con su Continuity en OS X Yosemite. Apple ha privilegiado el mensaje de que su reloj es util para ejecutar apps, recibir o enviar notificaciones o mensajes, contestar llamadas, etc… Pero de todos esos usos sólo me interesan dos: 1) los contextuales, es decir, los que te avisan en el momento y lugar adecuados de algo relevante, y lo hacen inteligentemente; y 2) los que tienen que ver con una actividad concreta en la que la consulta de información es relevante y útil. Escuchar música o, en mi caso, a la hora de hacer deporte. El primer uso está poco desarrollado en el mercado… y además Google va por delante de Apple con su Google Now. El segundo… digamos que hay productos iguales o superiores en el mercado para ello y el Apple Watch no aporta nada en especial.

Luego está la vertiente del dispositivo para recogida de información, y aquí es donde probablemente me rinda tarde o temprano al Apple Watch. Cuando el reloj pueda medir, además de mi pulso, otras muchas variables de mi salud y aconsejarme (a través del iPhone o del Mac) de acuerdo con la evolución de esas variables, entonces el reloj no se separará de mi. Cuando pueda hacer tracking de mi sueño y ayudarme a descansar mejor probablemente lo lleve conmigo todas las noches. Y aunque hay muchos dispositivos intentando hacer todo esto, de Apple espero que lo haga tremendamente bien. Mi Fitbit no lo hace demasiado bien pero de momento no está mal y no espero mucho más de él. El listón que la propia Apple se ha puesto es mucho más alto.

Hay otras cosas que no me gustan del Apple Watch v.1, pero van incluso por detrás de estas consideraciones. La batería dura poco, pero si el aparato es imprescindible eso es lo de menos. La forma en que Apple lo está comercializando no me gusta particularmente, aunque probablemente sea la más adecuada en un sector tan particular como el de la relojería (eso, y que mi naturaleza geek entiende poco los mensajes hedonistas). Los argumentos de venta que ha elegido la empresa no resuenan con mis necesidades, e ignoro si realmente interesan al público masivo que Apple debería esperar de sus productos. A la vista del apabullante éxito del Android Wear yo diría que no, pero Android es Android.

Así que sí, compraré el Apple Watch en algún momento, pero no será esta versión. Si será la versión 2 o la 5 dependerá de las mejoras que se incorporen al producto, pero en su estado actual el Apple Watch parece un germen de lo que Apple quiere, y hasta llegar ahí pueden pasar dos o tres versiones.

AEDE y Google

Carta a la AEDE: os habéis quedado cortos

Olvidad mi último post, y todo lo escrito hasta la fecha sobre mis admirados amigos de la AEDE. Son unos genios. Google News cierra en España, y seguramente estén descorchando botellas de champán en su sede. De un plumazo se han cargado una valiosa fuente de tráfico para sus competidores. Para ellos también, pero eso es lo de menos.

Mi crítica hoy a AEDE va por otros derroteros. Chavales, os habéis quedado cortos. Porque, vamos a ver, lo tenéis todo a vuestro favor para hacer el trabajo bien hecho, y en lugar de eso hacéis esta ley que se queda a medio camino de lo que realmente os gustaría.

Porque claro, si yo tuviera el poder que vosotros tenéis, a saber:

  • El poder de dictar leyes a vuestro antojo, como habéis hecho en repetidas ocasiones.
  • Partidos políticos, desde el PP hasta Podemos (yendo de derecha a izquierda, y con algunas excepciones como UPyD), bien mandados, obedientes, calladitos, corruptos y mediocres, dispuestos a plegarse a cualquier exigencia por tonta que parezca con tal de que no les traten mal en los papeles, radios y teles. Y además en medio de una crisis gravísima de credibilidad que esos grupos mediáticos pueden hacer aún peor.
  • Una ciudadanía que en general desconoce estos temas, por mucho que haya muchos internautas furiosos con el asunto.

Pues no me quedaría en un canon irrenunciable para las publicaciones. Puestos a dictar leyes ilegales y que probablemente sean tumbadas por el TC o algún tribunal europeo dentro de unos años, se puede hacer mucho más, porque en esos años toca impunidad ilimitada. A saber:

  • Crear un canon de Internet que paguen todos los ciudadanos y se reparta sólo entre los medios de la AEDE. Oye, si la SGAE consiguió hacer una cosa muy parecida durante décadas y se salió con la suya hasta que lo declararon ilegal, ¿quién dice que vosotros no podáis cobrar por nuestras conexiones que básicamente utilizamos para ver vídeos de gatitos en Facebook? Si es que sois muy naïf. Mirad lo bien que le fue a la SGAE que sus directivos se gastaban 40.000 euros en lupanares y aquí no pasaba nada. ¡Ay, qué tiempos aquellos!
  • Cobrar por los links. Por todos y sin exclusión. ¿Pero qué es esto de que el vulgo comparta vuestros links como si no hubiera clases? ¿Vale acaso lo mismo un link a un vídeo de gatitos que un link a la última historia plagiada por El País a un blog? No, claro que no. ¿Compartes en Facebook o Twitter? Pasa por caja. Ah, y de paso que pasen Facebook y Twitter por caja también, por ser caja de resonancia, a ver si se creen que los retweets también van a salir gratis. ¿Pero qué se ha creído esta gente? Cualquiera que goce del privilegio de mandaros tráfico debe pagar.
  • Ilegalizar Google. Vamos a ver, si los links son claramente malos, ¿qué es esto de dejar operar a esta gente, que encima trata a todos los links por igual, sin distinciones entre vosotros, nada menos que el “Cuarto Poder”, y los demás? Si Google quiere salirse con la suya que lo haga, pero fuera de España, que es la reserva espiritual de Occidente.
  • Finalmente, y ya puestos a ello, cerrar Internet. Seamos un poco realistas. Vosotros vivíais mucho mejor sin la Red. Esto de Internet es un engorro, cada vez vendéis menos periódicos, tenéis menos poder social (el político lo mantenéis, pero ¿hasta cuándo?), menos credibilidad -porque la gente desenmascara la mediocridad muy fácilmente y lo publican en sus blogs-, menos ingresos porque la publicidad en la Red no da ni para pipas y aquí no paga por el contenido ni dios. Así no hay quien pague los coches con chófer de vuestros directivos ni las tarjetas black de vuestros consejeros. Si Corea del Norte puede hacerlo, ¿por qué no vosotros?

En resumen, como diría Federico, sois unos maricomplejines y os habéis quedado a mitad de camino. Espero que la cosa no quede aquí y dentro de un par de años yo no pueda ni escribir un post como este. Porque, esa es otra, ¿no habéis pensado en establecer una censura previa de todo lo que se publica en Internet? Eso sería la bomba, y estos políticos tragan con lo que les echéis. Pensáoslo.

Así que ya sabéis, cuando queráis más ideas no tenéis más que rebuscar un poco y algo saldrá. La alternativa es el caos, el descontrol, la irrelevancia… Y la libertad. Y sabe dios que no queremos nada de eso por estos lares…

 

AEDE, keep calm and harakiri on...

Escuadrón -suicida- AEDE

Me desayuno hoy con la deliciosa noticia de que Google News España planea cerrar sus puertas si se aprueba finalmente el canon AEDE. Una pésima noticia a todas luces, con la salvedad de que es una decisión que merece el aplauso porque da un portazo en las narices al sinsentido promovido por la AEDE y secundado obedientemente por el partido socialista-popular.

Hacer descaradamente leyes a medida de los intereses de los poderes empresariales en declive y contra los poderes empresariales en auge puede entrañar ciertos problemas de ejecución. Por ejemplo, que la(s) empresa(s) perjudicada(s) decidan mandar a freír espárragos al legislador porque parte de su negocio no consiste en regalar dinero alegremente, o dar limosna, a las industrias en declive.

La particularidad de la ley española creada ad hoc es que convierte la remuneración en algo irrenunciable para los editores, así que afecta tanto a los grupos editoriales que quieren cobrarla como a los medios digitales que no tienen el menor interés en perseguirla (algo que, por otro lado, probablemente sea ilegal). Luego la única opción que le queda a Google frente a eso es cerrar Google News, y ya veremos si no tiene impacto sobre la presentación de los resultados de búsqueda como ha ocurrido en Alemania.

El escuadrón AEDE, experto en embarcarse en operaciones suicidas desde hace 15 años, ha dado con la horma de su zapato. Alguien lo suficientemente poderoso y lo suficientemente razonable para no tener problema en evidenciar el sinsentido y el ridículo absoluto de pagar a aquellas empresas a las que generas valor. Porque, en última instancia ahí está el problema: Google genera valor para los editores, por la vía del tráfico. Los editores, para Google, generan un valor completamente marginal junto a mil millones de webs. ¿Quién es más valioso para quién? La respuesta es bastante obvia.

No ocurre muy a menudo que la legislación, la política, y los juegos de poder se topen con el sentido común tan de bruces. Pero cuando ocurre hay que tomarse un ratito para disfrutarlo. Y ahora la gran pregunta… ¿se aprobará el canon suicida de la AEDE?

 

Mensaje de error Windows 8.1

Mi inigualable experiencia con Windows 8.1

A pesar de que probé todas las versiones beta de Windows 8 nunca actualicé desde el 7. Por muchas razones, sobre todo que la incomodidad de la doble interfaz y la crisis de identidad de Microsoft. Sin embargo, las entrañas de Windows 8 eran mejores que las del 7, que en términos absolutos es el mejor sistema operativo que ha lanzado Microsoft desde que tengo memoria. Así que cuando salió la 8.1 y se paliaron algunos de los problemas de la versión anterior me decidí a actualizar. Había comprado la licencia de actualización tiempo atrás a precio muy reducido, simplemente no la había utilizado. Y al utilizarla he recordado todas las razones por las que en 2009 me pasé a Mac, harto de perder el tiempo en trivialidades, y simplemente mantengo un Windows que no uso demasiado pero tiene utilidad ocasional. La actualización a Windows 8 no dio excesivos problemas. Por el camino perdí el uso del Bluetooth que lleva la placa base por razones que aún no he descubierto, pero no era una gran pérdida. Hubo que actualizar algunos drivers pero poco más. Donde empezaron los fuegos artificiales fue al intentar actualizar a Windows 8.1, que era la única razón por la que actualicé al 8 en primer lugar. La actualización sólo se puede hacer desde la tienda de aplicaciones de Microsoft, y al llevarla a cabo y reiniciar para instalar salió el temido -y fatal- mensaje de error: “No se pudo actualizar a Windows 8.1… 0xc1900101-0x20017”. Y hasta ahí.

¿Qué quiere decir ese mensaje de error? Nadie lo sabe con certeza. Buscando en Google se apuntan una docena de posibles soluciones que implican darle la vuelta al ordenador como un calcetín, desconectar todo, desactivar todo, arrancar en limpio y no sé cuantas alternativas, que en mi caso resultaron infructuosas. Menos desmontar el ordenador lo he hecho todo. El servicio de atención al cliente estuvo 4 horas (¡4 horas!) trabajando en remoto en mi máquina sin éxito. Que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. La conclusión final: formatee usted y reinicie de cero. Y encomiéndese a la virgen, añado.

Y ahí está el problema. Un fallo que tienen otras muchas personas no parece estar documentado y las razones del fallo pueden ser prácticamente ilimitadas, así que toca practicar el prueba-error hasta que el problema se arregla. Y a veces ni eso. La informática de escritorio es infumable y siempre lo ha sido (Windows, Mac, Linux, lo que sea) y la cantidad de tiempo que perdemos a manos de inexplicables problemas informáticos y fallos nunca explicados es imposible de valorar económicamente. Lo cual no excusa para nada problemas como éste, que me impiden disfrutar de un producto por el que he pagado y que debería funcionar fuera de la caja.

El penúltimo remedio es abrir la caja, desconectarlo todo salvo el disco de arranque y hacer un último intento. El último, formatear y encomendarme a Bill Gates, Steve Ballmer y Satya Nadella (la santísima trinidad) para ver si su último retoño tiene a bien comulgar con mi PC -que este sí, garantizo será el último que tenga-.

Si algún día consigo instalar Windows 8.1 publicaré mi experiencia con él, que hasta ahora no tiene parangón.

Google_Glass

Probando las Google Glasses

Hace unos días tuve la oportunidad de probar unas Google Glasses, gadget sobre el que tenía bastante curiosidad, y no pocas reservas. En mi empresa estamos haciendo un desarrollo para un cliente para las Glasses y evidentemente eso implica hacernos con unas. Y reconozco que algunos aspectos del cacharro me sorprendieron gratamente, aunque veo la tecnología muy lejos de ser viable en el mercado por muchas razones.

En primer lugar, la visualización de la “pantalla” es más cómoda de lo que imaginaba, aunque no puedo concebir estar pendiente de la pantalla durante largos periodos de tiempo (mirando con los ojos hacia arriba a la derecha), ni tener un cacho de cristal obstaculizando mi visión permanentemente (consideraciones estéticas aparte). Para uso ocasional o contextual pueden llegar a ser bastante útiles, pero ni para leer ni para ver películas ni para hacer algo que requiera más que unos minutos de estar pendiente de la pantalla.

El software funciona con más agilidad de la que preveía, y la curva de aprendizaje es muy baja, lo cual es un punto a favor. Viendo la cantidad de aplicaciones en las que ya se está trabajando no cabe duda que habrá opciones interesantes, aunque tener demasiadas aplicaciones con un interfaz tan limitado probablemente no sea práctico: si se lanzan por voz hay que recordar todos los nombres y si se navega con el dedo hay que ir una a una. En cualquier caso el software funcionaba con agilidad y las aplicaciones cargaban rápido. Noté cierta lentitud en algunas acciones como sacar fotos pero supongo que eso es algo fácil de mejorar con el tiempo.

Dicho esto, poder hacer consultas rápidas o como aparato complementario del móvil resulta bastante útil, y para usos concretos como la navegación por gps mientras vas andando es indudablemente interesante y hasta divertido.

Las virtudes acaban ahí y empiezan los problemas. Los interfaces que permite el dispositivo son la mano (a la altura de la sien) o la voz. A mi me cuesta bastante hablarle a un aparato y creo que uso Siri únicamente porque puedo simular que estoy hablando por teléfono. Me da reparo hablarle a mi ordenador, aunque esté a solas, en mi casa y con la puerta cerrada. Y llevo 20 años probando software de reconocimiento de voz periódicamente. Puede que sea algo cultural. Pero no creo que me ponga a hablar con mis gafas frente a otras personas en mi vida. Lo de las manos es algo parecido, aunque si llevas ese aparato en la cara importa poco que uses las manos o hagas el pino, la gente se fijará en las gafas.

Porque lo que sin duda es un obstáculo insalvable para el uso de las gafas es el aparato en sí. La batería, por lo que me dicen mi compañeros, dura un suspiro, pero eso hasta cierto punto es lo de menos. Llevar unas aparatosas gafas en la cabeza que pesan, son antiestéticas, llaman la atención y te etiquetan (al menos de momento) como un friki de marca mayor es un problema. Soy usuario de auriculares bluetooth desde hace años, me parecen enormemente útiles y cómodos, pero rara vez los uso en público porque se identifica a los usuarios de auriculares bluetooth con una figura intermedia entre friki y ejecutivo agresivo cual portador de teléfono móvil a principios de los 90. El por qué, no lo sé. Pero llevamos ya bastantes años con auriculares bluetooth en el mercado y esa percepción no ha cambiado. Y siguen siendo algo minoritario. No veo a día de hoy como algo así se puede solventar sin un rediseño drástico del aparato porque los usos sociales cambian con bastante dificultad. Me veo mucho más proclive a comprar un iWatch el día que se anuncie a unas Google Glass que sé que, sin lugar a dudas, van a acabar en un cajón acumulando polvo.

Dicho esto, que duda cabe que acercar la presencia de la tecnología de manera tan inmediata puede tener un extraordinario recorrido en el futuro, y esa es la gran apuesta de Google. El problema es que el día en que una tecnología así pueda estar preparada para su adopción masiva puede estar mucho más lejano de lo que pensamos.

Primera - y probablemente última- vez que llevo las Google Glass en público

Primera – y probablemente última- vez que llevo las Google Glass en público

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Winter is coming…

En las novelas de fantasía de George RR Martin (en las que se basa la exitosa serie Juego de Tronos) se da una interesante alegoría a cuento de las estaciones del año. Los veranos y los inviernos duran una cantidad imprevisible de años, y tan placenteros son unos como terribles los otros. La acción se sitúa al final de un larguísimo verano y comienzo de un largo invierno. En algunos pasajes del libro, repleto de guerras por el poder, se alude al hecho de que ciertos caballeros son “caballeros del verano”, incapaces de comprender los rigores del invierno. La similitud con la economía es más que aplastante, y curiosamente el reino imaginario de Martin está economicamente en quiebra con una deuda espantosa. El lema de los Stark, la familia que domina el perennemente frío Norte, es un recuerdo permanente de que los veranos no duran para siempre: Winter is coming. Vendrían a ser algo así como la escuela austriaca.

La actual crisis no es simplemente parte un ciclo económico, sino el componente más visible de un auténtico cambio de paradigma productivo

En los países occidentales hemos vivido un larguísimo verano, y hemos sido gestionados por líderes (políticos, empresariales, sociales) de verano. Personajes gelatinosos de discurso hueco que se limitaban a gestionar la opulencia y se regodeaban en un crecimiento del que eran escasamente responsables y muy beneficiarios. Llegada la crisis, intentaron gestionarla con esa misma frivolidad. Y al final descubrieron que el invierno no se combate con cerillas, y que en realidad para poder combatir el invierno en condiciones habría que haber llenado los graneros cuando las cosas iban bien. Lo que en los libros son guerras aquí se traduce por rescates e intervenciones.

Uno de los retos más urgentes que tenemos actualmente es librarnos de estos personajes indeseables y empezar a gestionar las cosas con parámetros racionales. Porque si no saldremos de la crisis en falso y volveremos a una economía engañosa en la que la creación de riqueza seguirá siendo ilusoria. La actual crisis no es simplemente parte un ciclo económico, sino el componente más visible de un auténtico cambio de paradigma productivo. La sociedad industrial no va a desaparecer de un día para otro, pero nos dirigimos a un mundo en el que el verdadero crecimiento económico vendrá de la mano de las nuevas tecnologías y no de mejoras industriales.

La sociedad industrial no va a desaparecer de un día para otro, pero nos dirigimos a un mundo en el que el verdadero crecimiento económico vendrá de la mano de las nuevas tecnologías y no de mejoras industriales.

El problema es que las sociedades que no se suban a ese carro estarán perdiendo competitividad a manos llenas como los países que perdieron el carro de la primera revolución industrial (entre ellos el nuestro). Así que en la larga década que nos espera de desapalancamiento lo mejor que podemos hacer es fomentar la innovación (real, no los cuentos chinos a los que nos tienen acostumbrados los políticos) de manera obsesiva, constante y paranoica. Porque si no lo hacemos el riesgo (muy real, más de lo que creemos) es que el invierno no dure sólo durante toda esta década, sino durante el resto del siglo. Sólo con políticas estructurales saldremos de este atolladero, y sólo apostando a las vías por las que crecerá la economía en el futuro conseguiremos recuperar parte de la competitividad perdida. Invertir en planes E o encomendarnos de nuevo a la ladrillo, la industria o genéricamente a los emprendedores (que igual montan un bar que una empresa de alta tecnología) es como apostar decididamente por la agricultura como modelo económico en los años 50. Un suicidio. Apostar por la educación y por la innovación como modelo siguiendo el de países como Corea del Sur, la única vía de futuro. Tristemente, mientras escribo esto en España seguimos encomendados a todo lo que nos ha traído hasta aquí con escasa voluntad de construir el país que necesitamos dentro de 10, 20 o 50 años. Winter is coming…

socialmedia

Eso del social media…

Si me hubieran dado un euro por cada vez que he tenido que oír “eso de Internet…” como comienzo de frase, para acto seguido indicar lo terrible que era probablemente sería millonario. Y me hubieran dado un euro por cada vez que he tenido que oír variantes del tipo: “eso del social media…”, “esto de los blogs…”, “esto de facebook…”, “esto de twitter…” etc. Pues probablemente ya tendría una isla propia y no estaría escribiendo estas historias de abueletes.

Precisamente mi artículo de esta semana en el Huffington Post, y mi excusa para volver a publicar tras meses de ausencia, habla de cómo y por qué los medios sociales ya son parte inexcusable del panorama empresarial, igual que Internet dejó de ser fuente inagotable de escepticismo en las empresas tiempo atrás. Es un artículo que constata una realidad, algunos nos hemos pasado toda nuestra vida profesional pregonando que esto iba a suceder (no había que ser un genio, caray) y ahora sencillamente ha sucedido. Y algunos escépticos que me deben un euro se han reconvertido a defensores de la nueva realidad, y otros seguirá siendo escépticos mientras vivan, con o sin razón.

Estrenando blog en Huffington Post

logo-huffington-postTiene cierta gracia que estrene blog cuando tengo este completamente abandonado, pero toda excusa es buena para volver y tal vez para recuperar el hábito de escribir en público, que es lo que llevo haciendo 15 años y he abandonado durante demasiado tiempo. Mi nuevo blog es fruto de una invitación y lo actualizaré como mucho una vez a la semana con artículos como el que he publicado hoy, Bienvenido Mr. García, en el que hablo de mi experiencia internacionalizando una empresa en Estados Unidos. No sólo hablaré de empresas, gestión o emprendimiento, también de tecnología e Internet, al igual que en este blog, pero probablemente me guardaré los artículos más elaborados para el HuffPo.

Mi primer artículo, por cierto, ha recibido el mayor torrente de retweets desde que estoy en twitter en 2007 y parece que ha llamado mucho la atención. Y yo me he divertido mucho escribiéndolo y recordando las caras de pasmarotes que teníamos cuando llegamos a los EEUU y nos pusieron la alfombra roja. Inolvidable.

Todos los cisnes son negros

Nassim Taleb publicó en 2007 un ensayo que hablaba del impacto de los hechos improbables, y que sirvió de ominosa profecía para el colapso financiero de 2008. El cisne negro se refiere a un hecho improbable y sorprendente, con un enorme impacto, y cuya lógica conocemos a posteriori y entonces nos parece enormemente predecible. Creo que no hace falta ser genios para darnos cuenta de que la actual crisis/recesión/depresión cumple con todos estos requisitos.

El problema es que, retomando la teoría de Taleb, hemos entrado en una dinámica en la que parece que en lugar de encontrarnos cisnes negros aisladamente vamos encadenando un cisne negro detrás de otro, y lo que ayer parecía inverosímil al día siguiente resulta ser una realidad palpable, lógica hasta el punto que resulta absurdo plantear que las cosas podían haber sido diferentes. Nadie se planteaba hace un tiempo que España sería rescatada, igual que nadie se planteaba que el Euro pudiera despedazarse, igual que nadie se planteaba que fuera factible o incluso legal un corralito en Europa, igual que nadie se planteaba que… podría seguir durante varias líneas más.

Y sin embargo, aquí estamos. España tiene una cifra de parados que jamás íbamos a alcanzar ni en las peores previsiones. Los impuestos se van a subir más de lo que nadie habría podido anticipar en un corto espacio de tiempo. El sistema financiero español, el más sólido del mundo, está completamente quebrado. Los “socialistas” recortan derechos sociales salvajemente y los “liberales” suben impuestos hasta la náusea. La moneda fuerte europea, la que nos iba a dar el liderazgo mundial, ha resultado ser la cadena que nos impide movernos y nuestra particular penitencia. Y aquí también podría seguir unas cuantas líneas más.

En conclusión, que Taleb se quedó corto. Al final va a resultar que todos los cisnes son negros y que lo de los cisnes blancos era una ilusión, una mentira que todos nos creímos a pies juntillas, pero en realidad había gente en la trastienda tiñendolos de blanco para que nos lo creyésemos y siguiéramos pensando que la situación era de color de rosa. Ese engaño, esa gigantesca tomadura de pelo gestada por los apologetas del corto plazo (a largo plazo, todos calvos, ya se sabe), y apoyada sin reservas por las más brillantes mentes del establishment… ese es el primer cisne negro. Imprevisible, impactante y, si miramos atrás, tan perfectamente lógico y predecible que se nos queda cara de tontos por no habernos dado cuenta antes de que se estaba gestando el desastre.

Me gustaría acabar el artículo con una nota positiva, pero por más vueltas que le he dado la única parte positiva que le veo a todo esto es que a partir de ahora sabemos muchas más cosas sobre el sistema y quienes -supuestamente- lo gestionan.  Creo que hay una llamada implícita a que una parte de la sociedad (la parte preparada para hacerlo, no los que pretenden hacerlo a golpe de asamblea) asuma la necesidad de recrear el sistema purgándolo de mediocridad y de ineficiencias, y de hacerlo, además, sin ideologías ni politiqueos ni partidismos. Pero tengo mis dudas de que eso vaya a suceder.