Probando las Google Glasses

Hace unos días tuve la oportunidad de probar unas Google Glasses, gadget sobre el que tenía bastante curiosidad, y no pocas reservas. En mi empresa estamos haciendo un desarrollo para un cliente para las Glasses y evidentemente eso implica hacernos con unas. Y reconozco que algunos aspectos del cacharro me sorprendieron gratamente, aunque veo la tecnología muy lejos de ser viable en el mercado por muchas razones.

En primer lugar, la visualización de la “pantalla” es más cómoda de lo que imaginaba, aunque no puedo concebir estar pendiente de la pantalla durante largos periodos de tiempo (mirando con los ojos hacia arriba a la derecha), ni tener un cacho de cristal obstaculizando mi visión permanentemente (consideraciones estéticas aparte). Para uso ocasional o contextual pueden llegar a ser bastante útiles, pero ni para leer ni para ver películas ni para hacer algo que requiera más que unos minutos de estar pendiente de la pantalla.

El software funciona con más agilidad de la que preveía, y la curva de aprendizaje es muy baja, lo cual es un punto a favor. Viendo la cantidad de aplicaciones en las que ya se está trabajando no cabe duda que habrá opciones interesantes, aunque tener demasiadas aplicaciones con un interfaz tan limitado probablemente no sea práctico: si se lanzan por voz hay que recordar todos los nombres y si se navega con el dedo hay que ir una a una. En cualquier caso el software funcionaba con agilidad y las aplicaciones cargaban rápido. Noté cierta lentitud en algunas acciones como sacar fotos pero supongo que eso es algo fácil de mejorar con el tiempo.

Dicho esto, poder hacer consultas rápidas o como aparato complementario del móvil resulta bastante útil, y para usos concretos como la navegación por gps mientras vas andando es indudablemente interesante y hasta divertido.

Las virtudes acaban ahí y empiezan los problemas. Los interfaces que permite el dispositivo son la mano (a la altura de la sien) o la voz. A mi me cuesta bastante hablarle a un aparato y creo que uso Siri únicamente porque puedo simular que estoy hablando por teléfono. Me da reparo hablarle a mi ordenador, aunque esté a solas, en mi casa y con la puerta cerrada. Y llevo 20 años probando software de reconocimiento de voz periódicamente. Puede que sea algo cultural. Pero no creo que me ponga a hablar con mis gafas frente a otras personas en mi vida. Lo de las manos es algo parecido, aunque si llevas ese aparato en la cara importa poco que uses las manos o hagas el pino, la gente se fijará en las gafas.

Porque lo que sin duda es un obstáculo insalvable para el uso de las gafas es el aparato en sí. La batería, por lo que me dicen mi compañeros, dura un suspiro, pero eso hasta cierto punto es lo de menos. Llevar unas aparatosas gafas en la cabeza que pesan, son antiestéticas, llaman la atención y te etiquetan (al menos de momento) como un friki de marca mayor es un problema. Soy usuario de auriculares bluetooth desde hace años, me parecen enormemente útiles y cómodos, pero rara vez los uso en público porque se identifica a los usuarios de auriculares bluetooth con una figura intermedia entre friki y ejecutivo agresivo cual portador de teléfono móvil a principios de los 90. El por qué, no lo sé. Pero llevamos ya bastantes años con auriculares bluetooth en el mercado y esa percepción no ha cambiado. Y siguen siendo algo minoritario. No veo a día de hoy como algo así se puede solventar sin un rediseño drástico del aparato porque los usos sociales cambian con bastante dificultad. Me veo mucho más proclive a comprar un iWatch el día que se anuncie a unas Google Glass que sé que, sin lugar a dudas, van a acabar en un cajón acumulando polvo.

Dicho esto, que duda cabe que acercar la presencia de la tecnología de manera tan inmediata puede tener un extraordinario recorrido en el futuro, y esa es la gran apuesta de Google. El problema es que el día en que una tecnología así pueda estar preparada para su adopción masiva puede estar mucho más lejano de lo que pensamos.

Primera - y probablemente última- vez que llevo las Google Glass en público

Primera – y probablemente última- vez que llevo las Google Glass en público

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